Vuelvo a hablar; no con él.
Las percepciones nos dividen,
nos crean grumos a la izquierda.
Life is just a reflect of the stuff we are. And who are we? Just humans. Humans with dreams and defects. Sometimes we need to fight against ourselves for grow up. Growing pains(as the tv show) and sucks but it's part of the procces. Tomorrow all the suffer from today will make totally sense. Around this sea we meet people that really worths to meet and others that appears nearly just for show us that the balance exist. The important is to learn always something. We have the capacity of store in our souls a lot of knowledge, but it isnt only on books.
Karen Virués Sánchez
Pero esas relaciones muertas raramente son
enterradas a tiempo, y se pudren al aire libre…
Arthur Schinitzle , Relaciones y sociedades
Juan García Ponce fue un escritor mexicano perteneciente a la generación del Medio Siglo. Su obra publicada abarca casi los cien títulos y en ella, la temática recurrente es el erotismo. Por ejemplo, en su nouvelle El gato, el animal del que toma su nombre es un signo dentro de la lectura y un vínculo en la relación de Andrés y Alma, protagonistas de la historia, a tal grado que la presencia del gato se torna indispensable durante el acto sexual de dicha pareja.
En cambio, en el cuento “Después de la cita” del libro Imagen primera, predomina la soledad dentro del argumento. Desde las primeras líneas podemos trasladarnos a un ambiente nostálgico y sombrío evocado por el otoño, época en la que se vence la caducidad de lo ya vivido.
El viento mueve consigo los resquicios del pasado para mostrarlos, recordar su sabor y dejarlos marchar, no sin antes incitar la añoranza de aquellos tiempos que el presente no ha conseguido superar. Es en estas circunstancias en las que parece encontrarse la protagonista de la historia, “ella”, sin nombre para que le pueda ser añadido uno, cambiado y aún así, seguir siendo ella, tú, yo, todos.
Las características físicas y psicológicas de ella nos permiten notar la inmovilidad en la que se desenvuelve, aún cuando esto se considere paradójico. Su aspecto bien puede corresponder a una quinceañera o a una muchacha de veinticinco años. Es silenciosa pues en ningún momento el narrador nos dice que ella interactúe con las personas que se cruzan en su camino. Parece sólo observar su entorno y realizar acciones en respuesta al mismo.
A lo largo del texto no leemos una verdadera introspección en la protagonista, pero es la naturaleza la que nos brinda un reflejo de su estado anímico: la lluvia, el viento, las hojas que se desprenden de los árboles, la presencia de oscuridad; son fragmentos de su deseo por modificar el devenir del tiempo, dar una vuelta en reversa o acelerar el proceso para volver a experimentar las emociones que en algún determinado punto ya ha vivido, y ahora son sólo sentimientos que han menguado, que no se sabe si volverán a existir y es que, “el carácter fatal del pasado y el futuro es resultado de nuestra tendencia de objetivar el tiempo y representar ambos, pasado y futuro, como entidades a las que debemos estar subordinados”.[1]*
Las tres parejas que ella observa, son fracciones de una vida sentimental. Los jóvenes en la banca quizá le rememoran algún primer enamoramiento. Después la pareja de compañeros de oficina, son lo que ella quisiera tener en su presente: alguien con quien compartir un interés común. El par de ancianos representan un futuro anhelado pero difícil de conseguir, es como dice Freud:
Cuanto menos sabemos del pasado y del presente, tanto más inseguro habrá de ser nuestro porvenir. Pero, además, precisamente en la formación de este juicio intervienen, en un grado muy difícil de precisar, las esperanzas subjetivas individuales, las cuales dependen, a su vez, de factores puramente personales, esto es, de la experiencia de cada uno y de su actitud más o menos optimista ante la vida, determinada por el temperamento, el éxito o el fracaso.[2]
Tomando como cimiento este pensamiento freudiano, podemos crear un túnel que nos permita comunicar este cuento de Ponce con “Retrato de Anabella” de Sergio Galindo. En ambos encontramos elementos de un pasado que se vuelve lodoso por la acumulación de objetos físicos o mentales.
Anabella, del cuento de Galindo, es una mujer que habita en la oscuridad, tinieblas en que se transformaron la fama y felicidad de antaño. Las fotografías son la prueba de que los espectáculos dados y los hombres que estuvieron en su vida, fueron reales. Pero no son más que eso, capsulas de la memoria que contienen momentos. Su presente se encuentra cubierto por las manchas que cada vivencia le dejó e inclusive, se manifiestan físicamente en la suciedad de su casa.
A pesar de que Anabella lleva su pasado sobre sí, su actitud es una mezcla entre resignación y entusiasmo por seguir conociendo personas y tener nuevas experiencias, aún cuando éstas sean inigualables a las anteriores: “Ah, queridos míos, hay que vivir, hay que amar, es la única receta para aproximarse a lo eterno…”[3]
Por el contrario, a “ella” de “Después de la cita”, se le percibe con un intenso miedo por cerrar ciclos para dar pie al inicio de otros. Parece que tiene ideas contradictorias porque por un lado quisiera poder seguir adelante pero a la par, no tiene interés en averiguar el final de su última historia amorosa, ya que con eso rompería toda posibilidad de revivirla. Por ello es que inconscientemente, prefiere continuar en esa especie de sitio intermedio que tanto daño le produce.
Además, si ella en algún punto tomó la decisión de aclarar asuntos pendientes, esto no llega a consumarse puesto que un determinado él no hizo acto de presencia en la cita. En ella queda entonces una inconmensurable necesidad de estallar como un volcán en el que la lava son palabras que se van entrelazando una tras otra para formar las frases de un pensamiento. Empero el cráter no permitió esa descarga que quizá le habría dado el impulso para caminar hacia otros rumbos.
La soledad es un puente construido con la aceptación de un fracaso, el temor a repetirlo, el reencuentro de sí mismo, y la disposición de arriesgarse una vez más, punto que conduce a un nuevo comienzo. Aunque claro, todos estos pasos, van acompañados de una dosis necesaria de dolor, que sin ella, no sería posible la trascendencia.
Existen varios tipos de soledades pero probablemente se podrían agrupar en dos: aquellas a las que nos orillan las circunstancias y a las que nosotros mismos nos sometemos por diversos factores. En esta última es en la que esa ella del cuento, está inmiscuida. A veces solemos mantenernos firmes en una postura no tanto porque sea nuestra mejor opción, sino porque es la que menos malestares nos causa, y así andamos por los días refugiándonos en ciertas épocas para no reconocer nuestras circunstancias actuales.
El cuento “Después de la cita” de García Ponce maneja el tema de la soledad manifestada en una protagonista sin nombre que refleja sus sentimientos y deseos en la naturaleza y en las personas que van coincidiendo por su camino. El lenguaje es sugerente porque nos permite adentrarnos en el personaje sin que se nos proporcionen vastas explicaciones. Sin embargo cuando en el final nos dice explícitamente que la protagonista llora, se torna un tanto patético y arruina lo que había conseguido puesto que en todas las líneas anteriores había evitado el melodrama a pesar de tratar una historia de ese estilo. Aún así, queda en claro que su autor podía escribir sin necesidad de terminar siempre en cuestiones eróticas, siendo una pena que haya enfocado su producción literaria primordialmente a repetir una y otra vez lo mismo hasta que contar historias con cuerpos, se le volviera una obsesión.
BIBLIOGRAFÍA:
Berdyaev, Nicolas, Solitude and society, Greenwood Press, Connecticut, 1976
Castañón, Adolfo, Paseos I Arbitrario de literatura Mexicana, Editorial Vuelta, México, 1993
Díaz y Morales, Magda, El erotismo perverso de Juan García Ponce : lenguaje y silencio, Universidad Veracruzana, Xalapa, 2006
García Ponce, Juan, Imagen primera, Universidad Veracruzana, 2ª ed., Xalapa, 2007
-------------------------, Novelas breves, Alfaguara, México, 1997.
Coord. Martínez, Morales, José, Luis, Juan García Ponce y la generación del medio siglo, Universidad Veracruzana, Xalapa, 1998.
Sainz, Gustavo (antologador), Jaula de palabras, Grijalbo, 2ª ed., México, 1980, p.p. 207-219
Schnitzler, Arthur, Relaciones y sociedades, Edhasa, Barcelona, 1998
Sigmund, Freud, Psicología de las masas, Alianza Editorial, Madrid, 1969
[1] Berdyaev, Nicolas, Solitude and society, Greenwood Press, Connecticut, 1976, p.150
* The fatal character of the past and future is the result of our tendency to objectify time and to represent both the past and the future as objects to wich we should be subordinate. (Traducción mía)
[2] Sigmund, Freud, Psicología de las masas, Alianza Editorial, Madrid, 1969, pp.141-142
[3] Galindo, Sergio, “Retrato de Anabella”, en: Jaula de palabras, p. 217