viernes, 5 de junio de 2009

Ha pasado casi una semana. No dejo de pensar si estará bien. A duras penas supimos su nombre. ¿Pero acaso eso les daba el derecho a los demás de dejarlo a su suerte?
No lo sé, cada día descubro más la naturaleza humana y es realmente escalofríante. Primero uno, los otros... ¿esos qué?¿existen? La ceguera egocentrista no les deja a muchos ver más allá de su nariz, ¿y a mí sí?¿de qué criterios me valgo para asegurar que soy diferente? Tampoco me quedé. Mi aportación se limito a un debate verbal con la que usaba lentes para el sol en plena lluvia, y a un reproche al abogado que afirmaba no tener conciencia(y que todo el camino apenas si descansó por vigilar que la ventana no se abriera). Después, ante el discurso de quien para fines prácticos llamaré Eric, pude sentir la desesperación contenida en su rostro; presintió mi empatía y volteó a verme. Sus ojos son una de las imágenes que no podré olvidar. Solicitaban comprensión entre los rayos que rodean la circunferencia y la previsible condensación que sufrirían en cualquier momento. Sin embargo, Eric también volvió con nosotros. El camino estuvo lleno de comentarios sarcásticos, un recurso común del mexicano para refugiarse, para no mostrar el verdadero rostro. Eric ocultó el suyo con una gorra. Durante el camino no hice más que ver por la ventana y pretender dormir a ratos en los que los pensamientos eran demasiado fuertes como para conservar los ojos de pie. Necesitaba una visión interna. Recapitular. ¿Y si yo hubiera sido la abandonada? En variados momentos de los años que llevo viviendo, me he sentido de ese modo: abandonada, sola, sin saber hacia dónde dirigirme; pero siempre ha habido alguna persona que me hace recapacitar y darme cuenta que de ninguna forma es así. Ese día no pude comprenderlo mejor. La magnitud de diferencia entre nuestras exageraciones personales y estar en el entramado de las circunstancias, es simplemente inombrable. Me imaginé cuán difícil debe ser salir pensando que en un par de horas volverás al punto de origen, en teoría estar convencido de ello pero que en la práctica no se lleve a cabo. Necesitaba lapicero, papel y no tanto movimiento para plasmar todo lo que venía a mi cabeza: nombres, palabras no dichas, sentimientos sin admitir, concesión de indulgencias, disculpas sin otorgar, personas sin conocer, miedos por afrontar, pedazos de vida sin recibir...Pero el papel no habría sido suficiente y la tinta se habría terminado antes de tiempo. Mejor era así, sólo pensar, fraccionar cada pensamiento, ver las frases que lo constituían, las palabras, la función que desempeñaban, realizar cambios a voz pasiva, seguir dividiendo hasta la más miníma porción y notar el número de veces que se repetía cada letra. Después llevar a cabo el proceso a la inversa y enlazar el primer pensamiento con el que el kilómetro número cuatro brindaba. Así fue todo el camino. Llegamos a nuestra ciudad. Eric se despidió con una actitud distinta, lo culpaba a "él", lo insultaba y no paraba de llamarlo irresponsable. Quizás era su forma de encarar la situación. Caminamos hasta que algunos de los viajeros vislumbramos a nuestros familiares, entonces nos separamos del resto.
Por mi parte, pase la semana en una especie de colapso emocional, saqué del rincón las canciones de estilo gótico que tanto escuchaba antes, y he intentado decir las palabras que necesito confesar, sin embargo, no he tenido el valor suficiente para dejarlas brotar con libertad, sólo a medias, sólo encriptadas. No sé cómo se encuentre Eric actualmente. Ni si "él" consiguió volver o continúa rodeando las calles de aquella ciudad, o simplemente me está viendo escribir esto sin que yo pueda notar su presencia.

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