Hoy conseguí intercalar las pisadas con mi voz. Abandoné el umbral del silencio en el que estuve tratando de escuchar la respuesta que no palpé; manantial trastocado que dictó la combinación de realidades (la mía y la suya) para obtener(lo) por un segundo como un aliento, una letra lanzada en el papel no legible de las acciones contrapuestas.
La transición terminó.
Vuelvo a hablar; no con él.
Las percepciones nos dividen,
nos crean grumos a la izquierda.
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