miércoles, 16 de diciembre de 2009

A la realidad le gustan las simetrías
y los leves anacronismos
Jorge Luis Borges



Giras la perilla y sólo sientes cómo tu cabeza da una, dos, tres vueltas. Entras y no hay nada. Avanzas con las manos frente a ti tratando de encontrar una pared, un encendedor, algo que guíe tus pasos; pasos que das desconfiado pues ni siquiera sabes de qué es el piso (si es que hay uno). De pronto la oscuridad ya no está. ¿A dónde se fue? ¿En qué momento partió? No lo sabes. Ni siquiera lo notaste. Ahora hay frente a ti una colina, la subes para atravesar ese espacio. Al final del camino, ves a alguien sin rostro, alguien que conoces. Puedes insertar en ese circulo en blanco la cara que prefieras. Dará igual. Lo tratas. Das de vueltas en una andadera circular con números del 1 al 12 sobre sí. Corre. Sigue corriendo. Evita a toda costa el dolor. Antepón al sentimiento que sabes existe, una sensación banal. Que no sea más fuerte. Busca la forma de cerrar pacto con sensaciones efímeras, pero recuerda firmar con tinta permanente, no querrás que se diluya al primer contacto con H2O. ¡Salta!¡Huye de esa ruleta o puedes caerte!¡Huye!¡Huir es seguro! Te brinda la posibilidad de ensimismarte. Y en ese encierro egoísta, ¿qué hay? ¡Oscuridad!

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